domingo, 25 de enero de 2009

Corto Viaje Sentimental

Ella es una mujer grande. No se va a estar asustando porque un tipo la mire… El subte casi vacío. Y en el último vagón sólo ella y él. ¡Qué tipo para el siglo XXI! Con perramus de gabardina gris y sombrero. ¡Qué sé yo…! Anda cada loco suelto. Y en materia de vestir cada uno usa lo que quiere… Así es la juventud. ¿Pero éste no es joven? O sí… No se puede definir. No tiene ninguna edad. Tiene rasgos pero no tiene edad. Yo sé que me está mirando… Porque cuando le clavo la vista él rápidamente mira para afuera, pero me sigue mirando en el espejo… ¡Qué tamaño pelotudo! Mirarme por el espejo a mí, que me podría mirar directamente… Quizás hasta le hiciera un guiño para que se acerque… No soy una puta pero tampoco la Virgen María. Ahora se agarró al espejo como una esponja y me clava los ojos desde la media sombra. Lo miro en el espejo y vuelve los ojos hacia el interior. Ahora se mira los zapatos. Se encontró una manchita. Se moja los dedos con saliva y se los limpia. Se cala el sombrero. Ya parece ridículo. Me inclino hacia delante mirándolo fijamente. Él es consciente de mi mirada. Pero se clavó en los zapatos y de ahí no sale. Yo le hablo… ¡A mí qué me importa! “¿Se siente mal?” le digo. Se sigue mirando los zapatos. “¡Eh! Diga!, ¿le pasa algo?” Se revuelve incómodo en el asiento. Mete la mano en el bolsillo. Ahora saca un chumbo y me mata. Se para. Saca algo brilloso del bolsillo. “¡Boletos! ¡Boletos…!” dice el tarado mientras recorre el vagón y se pierde tras la puerta…

1 comentario:

  1. Me encantóooooooo!!! Un buen cuento tiene que usar oraciones cortas para producir impacto...
    o como decía Quiroga para ser leído de una sentada...

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